Chau

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Para mí es fácil decir—y soy totalmente sincera cuando digo esto—que venir acá a Buenos Aires por un cuatrimestre fue una de las mejores decisiones que he hecho durante mi vida. Yo sé que tal vez es un “cliché,” algo que siempre se dice, pero sencillamente es la verdad, y quiero ser franca. Por el resto de mi vida agradeceré esta experiencia.
En realidad, antes de venir a Buenos Aires no tenía mucha confianza en mí misma. Bueno, tenía confianza dentro de las aulas, pero fuera de ellas no creía que había mucho que podía hacer completamente sola. Nunca lo habría confesado, pero tenía mucho miedo de navegar lugares, especialmente las ciudades. Claro que ahora esto ya no es el caso, y gozo mucho de la independencia que he adquirido. Entonces, gracias, Buenos Aires, por haberme obligado a entender direcciones y seguirlas. Es un gran cambio en mi vida que has causado.
El otro lugar al que quiero dar las gracias es la Universidad de Buenos Aires. Dije que ya tenía confianza académicamente cuando llegué, pero la verdad—voy a continuar siendo fiel a la verdad—es que estaba muy preocupada por tener que asistir a clases dirigidas hacia los hablantes nativos de castellano. No pensaba que iba a poder entender a mis profesores ni a los otros estudiantes. Tengo que confesar que al principio no podía seguir mucho de lo que pasó en mis clases, pero con tiempo mejoré, y mejoré porque la universidad lo exigió. Y ahora que he asistido a la Universidad de Buenos Aires, he aprendido un montón y he hecho un examen sobre la psicolingüística en castellano, no creo que haya mucho que no pueda hacer. Por esta nueva confianza te agradezco, la UBA, también.
Entonces, chau, Argentina. No te voy a olvidar.

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