Comenzando en la UBA: El caos de mi facultad, los graffiti, y la importancia de lenguaje

Jake's picture

Pues, parece que el cielo está cayéndose, pero en vez de aburrirles con un cliché involucrando gatos y perros, et cetera, tengo muchas ganas de sentarme acá con mi mate (y Cecile ha comprado una nueva variedad inculcado con hojas de menta, muy estimulante! Me gusta y lo les recomiendo.) y reflejar un poco ahora que finalmente he decidido en mi horario de clases. Como todos que asisten a la UBA saben muy bien, la vida en los facultades de FILO y, otros me han dicho, de Sociales, es muy caótico.

Si tuve que explicar las diferencias entre los jóvenes estadounidenses y porteños a alguien en los EEUU, yo lo haría por mostrarle una foto de la facultad de FILO. Una diferencia muy profundo – en un barrio de Los Ángeles, por ejemplo, los graffiti que se encuentra en cualquier pared en el centro de la ciudad son sin sentido; el sentimiento más profundo que vas a encontrar es un mensaje de amor adolescente. Sin embargo, la mayoridad de graffiti muestran mensajes de guerra entre bandas, y por todo muestran un tipo de conflicto que por todo no es productivo, y muestra un derroche de pasión y de tiempo.

Al otro lado, tenemos los graffiti que se encuentra acá en Buenos Aires, y especialmente en los facultades de la UBA. Aunque fue un poco difícil para mi pasar por alto mi repugnancia para el graffiti que tengo de mi tiempo viviendo en Los Ángeles, cuando leí los mensajes y vi que la mayoridad de ellos de hecho tuvieron mensajes aparte de los de la violencia sin sentido y, también, que de hecho tuvieron algo profundo para decir, yo estuve fascinado.

Todavía no apoyo completamente el idea de graffiti, pero por lo menos finalmente entiendo la motivación para los que los pintan – por lo menos los de acá. Entiendo el enfado, entiendo la frustración que habían hecho bastante bien antes de un choque financiero que sacudió los cimientos de la sociedad argentina, que se ha traducido en las letras que vemos pintado con spray en las paredes, en las cercas, en las carteleras de Buenos Aires.

Por supuesto, todavía creo que muestre una falta de respecto para la belleza de la ciudad, pero como artistas imagino que los que pintan graffiti se consideran más como los artistas del Renacimiento que reutilizaron las telas ya cubiertas con las obras de otros pintores. Acá, la riqueza y belleza descolorida es lo que se queda de una sociedad del pasado, y como hoy sirve solamente como un campo de batalla, un lugar para pelear como si fuera la última cosa dejada para hacer. Los artistas de graffiti usan la ciudad para sus telas, para transformarla en un gran cartel político.

Tal vez los jóvenes acá piensen que esta belleza se aumenta por esta evidencia tan visible de una gente conectada, involucrada en sus propios futuros. Me da un poquito de miedo pero solamente porque estoy acostumbrado a vivir alrededor de la apatía de ciudadanos estadounidenses, y es apasionante pero un poco intenso estar rodeado por el activismo político tan fuerte y apasionado como tienen acá.

También, yo he encontrado que este sentido de caos entra a una cierta medida a la facultad de Filosofía y Letras, o FILO. Pero en vez de graffiti, los mensajes políticos son más planeados conscientemente, más organizados, como si fueran el fuente de la expresión política que se ha pintado por el resto de la ciudad. En vez de pintura tenemos carteles políticos – cuando entrás a la facultad probablemente vas a ver la cara de algún candidato repetida más que cincuenta veces cuando subés la escalera, y esto es ANTES que de hayas entrado el resto del edificio. Entonces, cuando has entrado el parte principal de la facultad donde hay un montón de estudiantes llenando las escaleras para ir a clase, y charlear, tenés los otros que están siempre distribuyendo folletos cuando estás de camino hasta la clase. Es un ambiente vibrante, loco, y en conjunto increíble.

Cuando entré en la facultad por la primera vez, rápidamente descubrí que este caos no termina a las puertas a mis aulas; en vez, durante una clase de la UBA el mismo caos traduce en una atmósfera que puede cambiar cada minuto, de civil y disciplinado a acalorado y ruidoso, como un alijo de explosivos que puede encenderse con la menor provocación. Una vez, en una materia de la Historia de los Estados Unidos que yo estaba probando por la primera vez, cambiamos del Teórico, enseñado por Pablo Pozzi – una figura que la clase, pareció, les encantara – al Teórico y Practico con el Profesor Nigra, una figura más conservador, como él libremente se describió, que estuvo de acuerdo mucho menos con los estudiantes en la clase. Él no había salido del tema básica de la naturaleza de la verdad en la historiografía, antes de comenzar de hablar sobre el tema de la historia de los EEUU, cuando inmediatamente algunos estudiantes comenzaron de desafiar al profesor, argumentando rápidamente y con más y más enfado como la discusión progresó.

Desgraciadamente, tengo que admitir que como la discusión se hizo más y más acalorado, yo entendí menos y menos del castellano que los estudiantes y el profesor estuvieron hablando. Puedo dar la culpa a una multitud de las cosas que me previnieron de entender lo que se dijo, incluyendo el eco causado por las paredes duras de edificio (que fue una fábrica de cigarrillos, originalmente), el hecho que el profesor estuvo paseándose de un lado a otro a la clase mientras que estuvo hablando (para que yo no pudiera ver su boca, esencial para mi para entenderlo), y el hecho que todos estuvieron gritando a la misma vez. Y aunque yo les pedí al fin de la clase a una pareja de chicas lo que pasó, pero todavía – probablemente a consecuencia de mi falta de descanso la noche antes – no entendí más que medio de la clase.

Y ahora llegamos al tema más importante en las semanas más recientes de mi tiempo acá en Buenos Aires – la importancia de lenguaje, si hablamos de entender castellano o la experiencia de crecer, yo espero, al punto que yo pueda hacerlo. Como me hice dolorosamente consciente en mis primeras clases, la comprensión de un lenguaje es nuestra conexión al resto del mundo, y aunque parece algo trivial y obvio, algo que damos por sentado como algo necesario que se puede ignorar, el hecho en realidad es que lenguajes son las diferencias más grandes entre diferentes culturas.

Mucha gente pasa todo de su tiempo describiendo diferentes culturas y lo que las separa como si las diferencias más importantes fueran costumbres individuales, como el hecho que la gente de Buenos Aires toman mate, o las diferencias entre la cultura política de Argentina y los Estados Unidos. Pero cuando gente de diferentes culturas se conocen como acá el la Capital, donde hay muchísimos estudiantes extranjeros, lo más importante es la manera en que ellos expresan estas diferencias.

Y en este mundo académico, donde hay tantos estudiantes estudiando mientras que a la misma vez ellos traten de manejar en el resto de sus vidas, ellos tienen menos voluntad, yo he encontrado, de hablar más despacio, en cambio prefiriendo de expresarse con la misma rapidez que piensan en castellano. A veces, me siento como si esto deja un espacio ancho entre los estudiantes locales y los extranjeros, y por eso la mayoridad de gente afuera de mi programa que yo he conocido han sido otros extranjeros.

Por un lado, espero que esta situación mejora, ¡porque quiero conocer la gente de Buenos Aires si voy a vivir acá con ellos! Pero, hasta el momento cuando me sentiré que he logrado esto, lo que me sorprende mucho es que la experiencia de conocer los otros extranjeros ha sido excepcionalmente satisfactorio. Me encanta la habilidad de compartir la experiencia de aprender nuevas cosas, ambos cosas académicas y culturales. Para comenzar, todos de nosotros estamos en un nuevo lugar, y entonces, nos gusta pasar tiempo juntos, conocernos mejor y compartir cuentos sobre lo que nos ha pasado acá – y todos tienen ganas de hacer estas cosas porque de estas cosas que tenemos en común.

Por esta razón, las personas que me gustan lo más de las que he conocido han sido los extranjeros. Y, por alguna razón en conocer a alemanes, tal vez porque hay tantos en Buenos Aires (esto me sorprendió un poco, aunque no sé porque). Tengo dos amigas en particular que tengo de mi clase de Problemas Latinoamericanas Contemporaneas en particular que son muy geniales y amables. Hablar con ellas y la otra gente estudiando acá de afuera del país es interesante porque de la calidad “internacional” que tienen; hablan más que tres lenguajes cada una, y una conversación entre me y cualquiera de las dos involucra el uso de por lo menos tres. ¡Yo no estuve esperando la oportunidad de practicar mi francés acá en Buenos Aires!

Pero, a pesar de la importancia de lenguaje en expresarse, las discusiones que yo he tenido con mis amigas extranjeras me han hecho pensar mucho en la naturaleza de lo que es auténtico al fin; es seguro que cada persona tiene un lenguaje que prefiere hablar, de usar para presentarse al mundo, pero quiero saber, al fin, lo que mis amigos, ambos nuevos y anteriores, piensan también. ¡Vamos a ver!

-Jake

Post new comment

The content of this field is kept private and will not be shown publicly.
  • Web page addresses and e-mail addresses turn into links automatically.
  • Lines and paragraphs break automatically.

More information about formatting options