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Estados en conflicto

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Después de nueve semanas acá, me estoy sintiendo una “sobrecarga cultural.” Estoy en un punto en que es muy difícil escuchar a más música latina, o mirar la televisión en español. No quiero hacer tantos esfuerzos en actividades cotidianas – necesito pensar constantemente cuando hablo con mi madre acá, cuando leo diez páginas de mi tarea, cuando trato de pedir comida en un restaurante. Es una mezcla de morriña y fatiga que siento ahora – un deseo para terminar este experimento, para regresar a una vida en cual puedo existir y trabajar sin ejercer hasta el punto de agotamiento en cada acción.

Las dos noches que pasaron, tuve sueños muy vívidos en cuales estaba hablando con mi familia y mis amigos, reflejando en mi experiencia acá. Había terminado con mis estudios, y estaba disfrutándome en mi casa, afuera, en el calor del verano. El sueño era en una mezcla de español e inglés (como la mayoría de mis sueños ahora) – pero recuerdo un sentido distinto de felicidad, de alivio. Me desperté por la mañana y no quise enfrentar el día. No quise salir mi sueño, en cual podía expresarme y divertirme fácilmente. Más que nada, deseé que mi sueño fuera realidad – que tres meses más pasaran en un instante, y que podría vivir como mis amigos en los Estados Unidos, contentos y sin una lucha diferente cada día.

Mi primera parcial está el jueves que viene, y tengo un montón para leer. Lo peor es que, a pesar de hacerme amigos con los porteños en la clase, nada de ellos quieren estudiar conmigo. Todos tienen sus propios razones (trabajo, otras parciales, viajes este fin de semana), pero todavía no cambia el hecho que necesito estudiar solo este finde. Y otra vez, este es un problema que no sería tan difícil en los Estados Unidos. Puedo leer rápidamente, y puedo estudiar en una manera eficiente allá. Pero acá, me parece como nunca estoy entendiendo todo, que estoy perdiendo tiempo con mis esfuerzos. La materia no es difícil, pero es mucho para enfrentar solo.

Yo sé que estoy hablando más de frustración de nada más ahora. Hoy era una siesta grande. Escuché música jazz y clásica, sin palabras; empecé un libro para mi divertido hoy (Como agua para chocolate); y cociné huevos fritos para mi desayuno. Era un día más normal para mi – casi como un día americano. Después de un día de descanso, y de escribir este ensayo, me siento mejor sobre mi situación. Ahora, es tiempo para lanzarme en el mundo español otra vez.

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