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La Falta de la Vida Dormitaría

A mediante de los dos y un medio meses pasados, he aprendido mucho. He aprendido mucho sobre la cultura argentina y latinoamericana y mucho acerca de la economía y la política latinoamericana en mis materias. A partir de estos, he aprendido mucho sobre mí mismo adentro de mi tiempo acá hasta ahora. Para mí, mi tiempo acá en Buenos Aires es un plazo de crecimiento personal. Estoy aprendiendo independencia y descubriendo los que me gustan y los que no me gustan. Estoy aprendiendo hacer decisiones que son las mejores para mí, aunque tal vez son distintas que los que hacen otros. Estoy descubriendo el tipo de persona que soy y quien quiero ser en los años que vienen.

Algo que no me di cuenta hasta que esté acá por alguno tiempo es el punto hasta que disfruto viviendo con amigos y gente de mi misma edad, como en las residencias de estudiantes en Middlebury. Aunque estaba bastante contenta con mi alojamiento al principio del semestre, mucho ha cambiado adentro de tres meses. Antes de llegar, había tenido muchas ganas de vivir con una familia, y aunque iba a vivir con una mujer que tiene 59 anos, todo era bien. Inicialmente, todo era nuevo, mi anfitriona era una buena persona, muy amable y útil con todo, me gustó la localidad de mi departamento (y me gusta mucho todavía). Después de las primeras semanas se hizo aparente que mi anfitriona no iba a ser como la familia que deseaba, pero mucho más como un compañero de cuatro; uno que tiene 59 años. Este describe la situación claramente, excepto que mi “compañero de cuatro” tiene un modo distinto a hacer varias cosas que tiene que ver con el departamento y en otros casos es más protector que mi madre real. Especialmente ahora que estoy cocinando por mi mismo, mi compañero de cuarto no está en casa mucho.

No me di cuenta hasta hace bien poco el punto hasta que viviendo solo o sin el ámbito de la residencia de los estudiantes tendrá en mi salud mental y emocional. No me gusta pasar mucho tiempo solo en el departamento. Me encanta gente y me rodeando con gente aún cuando estoy en casa o en mi cuarto en Middlebury. Soy una única hija y me hice mayor viviendo solamente con mi madre. Por eso, tenía muchas ganas de vivir con una familia con hijos acá en Buenos Aires; para que hubiera estado alguien en casa casi siempre, para charlar y pasar tiempo y para ser parte de una “familia”. Lo que pasa es que en algunos casos no aprecias algo hasta que no esté nada más. En este caso la vida, de la residencia de estudiantes o viviendo con amigas y compañeros de la universidad que sirve como mi “familia” fuera de casa. Acá, me falta el sentido de una “familia”, y lo extraño.

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