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Lo más pegado en mi mente: Trabajo Final

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Después de mi tiempo acá he crecido mucho como una persona, además de mis habilidades de castellano. Esta experiencia marca la primera vez que he vivido en una país diferente por más que unas semanas. He visto muchas cosas magnificas y bonitas durante estos meses en Buenos Aires. La pasión para el fútbol, el sabor de los asados, y el poder del mate me han mostrado mucho de la cultura Argentina. He visto monumentos históricos y museos de arte que me quitan el habla. También no se puede hablar de una experiencia en Buenos Aires sin hablar de la vida de la noche. Voy a llevar conmigo muchas experiencias graciosas y divertidas que tuvimos mis amigos y yo en los bares y boliches. Las cosas más simples como conversando con gente en las calles y las fiestas también llevan mucho valor. Vine a Buenos Aires para mejorar mi castellano y muchas de mis memorias favoritas son conversaciones con gente desconocido en castellano. Esta experiencia fue un gran éxito en muchos aspectos. Pero hay algo triste que tampoco me voy a olvidar. Entre todos los momentos de alegría, interés, y fascinación hay la imagen de la pobreza en Buenos Aires. Creo que esta es la cosa que me va a quedar conmigo lo más.

Es la verdad que la pobreza existe en todos lados. Si se va a Nueva York, como he ido muchas veces, se ve pobreza en la forma de sin casas y gente pidiendo dinero y monedas. Pero en Buenos Aires hay mucho más de esta pobreza, y es peor. La cosa que me molesta lo más la cantidad de distancia que existe entre la clase alta y la clase baja. Por eso se puede ver muchas cosas paradójicas en todos partes de la ciudad. Una de las primeras imágenes que vi acá fue un hombre haciendo malabarismos en la calle para ganar monedas mientras un hombre y su mujer salieron del cajero automático, ubicado en la esquina. Hace una semana vi otra imagen así en la forma de un sin casa durmiendo en el umbral del MacStation en Palermo. Fueron las once de la noche y había mucha gente pasándole porque está ubicada en un área donde hay muchos bares. Cuando lo vi yo, me pregunté si el había pisado una vez adentro de la tienda o si un día sería el dueño de un producto del MacStation. La respuesta fue definitivamente, obviamente, y lamentablemente, no.

Viví en el barrio de Boedo por los cinco últimos meses y como casi toda la gente que vive en Boedo lucha por el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, tuve la oportunidad de ir a la cancha para mirar un partido. Fue una experiencia increíble con toda la hincha saltando y cantando al ritmo de las bombas. Ganó San Lorenzo entonces estábamos recontentos. El fútbol en la Argentina es una cosa que todos deben ver, pero alrededor de toda esa pasión y felicidad hay un nube oscuro que toma la forma de una villa localizada justo al lado de la cancha. La villa es como un pueblo que consiste en cobertizos hechos de ladrillo. En mi opinión no se puede definirlos como casas. Cuando pasé la villa, la imagen me hizo pensar cuantas personas en la villa, localizada justo al lado de la cancha, han visto un partido en el estadio. Otra vez, la respuesta tiene que ser triste.

Se puede ver la pobreza en todas las partes de Buenos Aires. Seguramente hay barrios y áreas más pobres donde existe la mayoría de la pobreza de la ciudad. Pero también se puede verlo en los barrios más ricos como Palermo y Recoleta. Siempre se puede ver gente afuera de los restaurantes, hoteles, y bares mendigando. Me parece que después de años viviendo en la ciudad, se acostumbra a ver pobreza. Eso es lo más triste porque lo que pasa es que cuando se acostumbra a ver pobreza, se empieza a ignorarlo. Los niños crecen con el pensamiento de que esta gente no merece atención porque sus padre no se la prestan a los pobres y así nace generación tras generación de indiferencia.

En todos las partes del mundo existe dos grupos. La mitad que tiene y la otra que no. Se cambia la proporción en cada país pero lo que pasa siempre es que la mitad sin dinero se queda sin voz, y porque se queda sin voz, son ignorados y olvidados fácilmente. La realidad es que la pobreza y el sufrimiento son cosas feas que nadie le gusta conocer. Es mucho más fácil de pretender que no existe o crear excusas para justificar la pobreza. No queremos arreglar el problema porque nadie quiere ver y conocer bien el sufrimiento de los pobres. Pero estas personas son seres humanos, y por eso, merecen el cariño y ayuda de todo el mundo como un gran comunidad y sociedad se seres humanos.

El problema más grande el la importancia y valor que tiene el dinero. En nuestra época, la plata ha reemplazado Dios. Estamos persiguiendo la riqueza y lo material hasta el punto que olvidamos lo más importante. Seguimos ganando más y más dinero y si no lo estamos ganando, no estamos contento. Aunque nunca vamos a gastar todo el dinero que hemos ganado, por un razón u otro no vamos a compartirlo con alguien que lo necesita más que nosotros.

No digo que debemos usar un sistema socialista como dicen las hipócritas que les gusta gritar “vive Che” en Filo. Soy un capitalista y creo en el mercado libre. Pero lo que quiero decir es que un poquito de generosidad puede cambiar las cosas en una manera increíble. El problema no viene de ninguna sistema socio-económico, sino viene de la naturaleza del ser humano y la deificación de la plata. Cada vez que veo un pobre en la calle, me pregunto ¿qué pasaría si cada persona que pasó ese tipo hoy le prestó cincuenta centavos o un peso? La respuesta siempre es y siempre será algo mejor que la vida que tiene en aquel momento.

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