Aaaaaaay Montevideo… No me gustan las despedidas. No quiero despedirme de ti. Representaste un cambio tan beneficioso en mi vida, me ofreciste unas vivencias extraordinarias y únicas, giraste mi cara hacia el amanecer de las cosas… ¿Y yo? ¿Como puedo reembolsarte? Solo con mi afección y con mi agradecimiento eterno.
La verdad es que me enamoré de ti. Me enamoré de tu gente. De tus calles otoñales, de tus árboles, de tus Vespas con conductores guapos… Me enamoré de tu encanto y de tu tranquilidad, de la sinceridad de tus charlas… sobre todo, de tu humanidad. Me encanta que conozco el nombre del vendedor que trabaja en la gasolinera de la esquina, y los pasatiempos favoritos del panadero, y el nombre del perro de la mujer que tiene un taller de costura al lado de mi edificio. En serio te digo que nunca me enfrenté con tanta amabilidad, y nunca me sentí tan a casa fuera de mi casa. Nunca voy a olvidar como, después de cenar en la casa de mi amigo de la escuela y conocer sus padres por la primera vez, cuando me estaba yendo, su mamá me dijo “Nuestra puerta siempre está abierta, y nuestros corazones también.” Cuando oí eso, tuve que hacer un gran esfuerzo para no llorar, y hasta ahora, cuando estoy escribiendo sobre eso y acordándome, se me pone un nudo en la garganta. ¿Quién dice una cosa así maravillosa? ¿en que otro lugar del mundo? Por eso, ya te lo dije, pero te lo repito para que seas seguro: eres especial, un lugar como ningún otro, y tu gran tesoro es tu formidable gente.
Además, nunca vi una comunidad con una pasión tan grande por la vida, con un hambre enorme de sentir, de vivir, de ser. No todo es perfecto aquí, y la vida en Montevideo tiene sus desafíos y sus dificultades pero, a pesar de eso, el uruguayo sabe ser feliz (y sí, es una cuestión de “saber”) y logra encontrar su alegría en el contacto humano. Esta actitud, para mi, es una razón suficiente para sentir que puedo ser feliz aquí por un tiempo indeterminado.
Y woooooow, como saben bailar los uruguayos! En los EEUU siempre tuve problemas con alentar la gente para que baile – además, muchas veces en las fiestas allá, solo las chicas bailen y los varones las miran, respaldados en el pared: una situación realmente trágica y desagradable – pero aquí los bailes no paran… Y si no hay una fiesta, ningún problema: se puede armar una en un segundo. Por ejemplo, una noche de viernes estábamos esperando en la calle para que el boliche abre, porque había un toque que queríamos ver. Pero ya eran las 3 de la mañana y el boliche todavía no estaba abierto, así que había casi doscientos personas esperando en la calle, enfrente del club. Y ya que en Uruguay no existe la opción “vamos a casa”, la gente habló con los dueños del edificio de al lado y, en menos de 5 minutos, lograron instalar parlantes en el balcón de este edificio y empezaron a poner música de arriba, a un volumen tan alto que se podía escuchar hasta un radio de 5 cuadras. Y por supuesto que toda la gente empezó a bailar en la calle – hasta los policías de la esquina se movían un poco a tenor con el ritmo de la música – e hicimos una fiesta callejera espontánea que superó todo lo que podía pasar en esto boliche que mantenía sus puertas cerradas con tanta tozudez.
Además, no quiero despedirme de ti justo ahora. Justo ahora, cuando siento que soy parte de ti, justo ahora, cuando siento que conocí la gente con que soy completamente compatible, cuando amo tanto mis compañeros de clase y mi pasantia y la comida nacional y la cerveza y los columpios y el sonido de las olas y cada perrito callejero que tiene cara de perro uruguayo. La verdad es que me hubiera gustado mucho poder quedarme un semestre más, o tal vez más que un semestre, o tal vez aún más que eso.
Y creo que el gran éxito de mi inmersión en la cultura uruguaya fue, sin duda, gracias a mi pasantia con SaludArte, la fundación montevideana que promueve la salud a través del arte y humor. Esta organización representa, realmente, una iniciativa formidable y dejó una marca muy profunda en mi formación como profesional y como persona en general. La fundación organiza actividades artísticas en hospitales, orfanatos, cárceles, centros para personas discapacitadas etc. y trabaja también con educadores y con los profesionales del salud para fomentar un encuentro humano autentico y buscar una salida metafórica del dolor y del sufrimiento. Los métodos usados, denominados “practicas de la alegría” por la maravillosa directora de la fundación, incluyen trabajo con payasos y títeres en los hospitales, narración oral, teatro espontáneo, danza espontánea (SaludArte tiene la primera compañía de danza espontánea del mundo), teatro del oprimido, escritura creativa y psicodrama, para nombrar solo unas de sus técnicas. Trabajando como pasante para esta organización, tuve la oportunidad de participar en talleres de formación para las actividades ya mencionadas, así como presenciar la influencia de estos mediadores artísticos en el ámbito hospitalario y ver la alegría que producen en la rutina tan gris de los pacientes internados. Ayudar con esta iniciativa tan noble te da una sensación extraordinaria, y te hace acordarte de la facilidad con que puedes sembrar alegría. Y el secreto no es en los recursos o en las técnicas mismas, sino en el sencillo y autentico encuentro humano que se crea, y que carece trágicamente en tantas situaciones y entornos.
Pero mas allá de esta satisfacción y de las cosas excelentemente nuevas que vi y aprendí, la pasantia con SaludArte me ayudó conocer la gente más maravillosa de Montevideo: los mediadores artísticos que implementan las actividades de la fundación. Todos son artistas en diferentes disciplinas (circo, títeres, teatro, música, artes visuales) y trabajan de forma honoraria, sin recibir ni un peso, iluminando los días de los que viven en la sombra. Aprendí muchísimo de estas personas y tengo un respeto enorme por lo que son, por lo que hacen y por lo que representan – y tal vez la primera en mi lista es la misma directora de la fundación, la Sra. Rasia Friedler, que fundó la organización y la sigue conduciendo de una manera admirable, con tanta alma y tanta pasión, y aunque a veces la falta de fondos y de recursos es tan frustrante, ella no se desanima y sigue con una fuerza y nobleza que vi en pocas personas en mi vida. Y no quiero sonar como una niña idealista de 12 años de edad, pero en serio te digo, querido Montevideo, que si logro cumplir mis sueños y, en cierto momento, vivir confortablemente desde una perspectiva financiar, lo que me gustaría más es empezar una iniciativa similar en Rumania (porque puedo identificar los mismos problemas en el campo del salud y hay una falta absoluta de programas sociales o artísticos en este entorno) y unir el potencial de las artes y el activismo social – algo que siempre quise hacer, pero tal vez no sabía como.
Y porque te quiero tanto, mi Montevideo, y porque sé que voy a hacer todo lo posible para volver a verte, no quiero despedirme de ti. En vez de una despedida, voy a dejarte con una poesía (ya que esta es la nueva tendencia en el blog del cuaderno y resistí admirable hasta ahora, aunque la tentación de someterme a la moda fue cada día mas grande…), una poesía inspirada por el mejor poeta rumano que he leído – Nichita Stanescu – y que te dedico a ti, igual como Nichita dedicaba sus poemas a la diosa Galateea. Y no olvides, esta no es una despedida, sino un “hasta pronto”.
Querida ciudad,
ámame y ayúdame
y lava mis ojos
y gira mi cara
hacia el amanecer de las cosas.
Ámame y ayúdame
y lava mi corazón,
y verte el vaho de mi alma
por entre tus dedos.
Ámame y ayúdame
y levanta de encima de mí
este cuerpo viejo
que me está aplastando el nuevo.
Querida ciudad,
te juro que conozco
todos tus movimientos,
todos tus perfumes,
tus sombras, tus silencios,
tus pasos y tu melancolía,
y ya no tengo más paciencia –
poniendo mi rodilla sobre las piedras,
te ruego, náceme.
También conozco
todo que está lejos de ti,
tan lejos, que apenas existe –
el después-de-la-noche,
el mas-allá-del-horizonte,
el debajo-del-mar,
y todo que es más allá de ellos,
y tan lejos, que ni siquiera tiene nombre.
Y por eso, pongo mi rodilla
sobre la rodilla de las piedras
y te ruego, náceme.
Conozco, también,
todo lo que tú nunca conocerás sobre ti:
el latido del corazón
que viene después del latido que oyes,
el fin de la palabra
que justo empiezas pronunciar,
los árboles – las sombras de madera de tus venas,
los ríos – las sombras de agua de tu sangre,
y las piedras, las piedras – sombras de piedra de mi rodilla,
que doblo enfrente de ti,
y te ruego, náceme.
No imagino algo más hermoso
No imagino algo más hermoso que lo que escribiste y que la poesía de Nichita que transcribiste (y supongo, tradujiste). Querida Ioana, me emocionaste hasta las lágrimas, porque lo que escribiste es una lección de vitalidad y esperanza. No son ni muy buenos ni muy bellos los tiempos que corren. Por eso es hermoso encontrarse a través tuyo con la alegría esperanzada de saber que hay tanta gente noble y generosa y que existe un lugar donde es posible la felicidad "del contacto humano". Me dan tantas ganas de cruzar el río para salir de esta Buenos Aires cada vez más inhóspita para volver a vivir estas cosas que eran las cosas que aquí había en mi infancia (por eso me gusta tanto Montevideo)
Hermoso el poema. Gracias por hacerme conocer a esta poeta --es casi la única ventaja que recnozco del estar a la moda últimamente, cuando las modas son tan superficiales o estúpidas-- Buscaré sus poemas, a ver si hay algo más en traducción.
Me da alegría leer que volverás a Rumania en algún momento con toda esta experiencia para hacer de tu vida, también, algo noble y generoso.
Un beso
Liria
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