Fui a comprar unos alfajores (dale… compré casi diez) para mandar en una caja a los Estados Unidos. La mujer en el supermercado me miró pensando “Qué gordita,” pero le explique que iba a mandarlos a otra persona. No sé si me creyó.
Con una caja llena de alfajores y una carta que dijo “te extraño,” yo fui buscando un lugar para envolverla. Fui a Mosca por una recomendación, pero me dijeron que no lo hacen. Entonces, seguí caminando al correo para preguntar a otra persona donde podía encontrar una papelería. Mientras caminando, noté una Librería y Papelería al otro lado de la calle. Me ayudaron para envolver la caja y solamente tuve que pagar diez pesos uruguayos. Barato!
Fui al correo y, después de saludar al empleo, le dije “Tengo una caja para mandar.” “Qué mandas?” me preguntó. “Galletitas” le respondí (no quería decir alfajores porque no sabía si se puede mandar dulce de leche por correo… supongo que no importe). Cuando le dije que quería mandarla como una carta (para que no lo abran), el fue para sacar un sobre grande. Puso mi caja cubierta con papel adentro del sobre y usó pila de goma para cerrarlo. No dejó de ser una caja, pero ahora estuvo en un sobre así que fue “una carta.”
El pesó el sobre y me dijo el precio (machismo más caro que esperé). Saco una carpeta con sobres claros, cada uno llena de un tipo de estampillas. Empezó a darme una estampilla para poner en el sobre. Después me dio otra y otra y otra hasta que había 21 estampillas en el sobre. 21 estampillas. No sé porque no imprimió un sticker con el precio del paquete, pero hizo lo que hizo. Pagué con mi tarjeta y, por supuesto, tuve que esperar por bastante tiempo más para que pudieran llamar a alguien para verificarla o algo. Después de un rato, por fin, me fui del correo riéndome a la experiencia de hacer algo que antes me parecía sencillo. Después de todo, gasté casi una hora tratando de preparar una caja para mandar a los Estados Unidos. Ojala que llegue.



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