La comida argentina sosa y el quilombo que es mi acento

Jake's picture

De todas las cosas que yo he hecho en Buenos Aires, una de mis favoritas ha sido salir a los varios restaurantes ricos que hay por muchos barrios por la ciudad. Cualquier persona que ha hablado conmigo sobre este tema sabe que me encanta la comida étnica que hay acá en la ciudad, aunque a veces no es la más autentica. Si estoy hablando de la comida india barata pero rica que se sirve en Bangalore o el sushi increíble de Yuki, no importa, me encanta todo. Parece que yo esté haciéndome un “gourmand,” o para decirlo más bruscamente como mis amigos y yo decimos, un gordito, jaja.

Sin embargo, chicos, tengo una confesión para hacer…estoy comenzando de odiar algunos tipos de la comida argentina! No tengo ningún idea porque no me di cuenta de estoy antes…en el pasado la juzgaba por cosas que todavía me encantan como empanadas, obviamente, y milanesa. Pero todo que esto cambió el otro día cuando yo salí de mi pasantía con lo más hambre que siempre he tenido. No importa, pensé, si tengo que bajar al subte cuando hay mucha gente, necesito comida ahora o voy a morirme. Entonces, yo salí del edificio de Conciencia en Tucumán en el Centro y comencé de buscar un restaurante que pudo satisfacerme. Ahora que pienso más en esa tarde, no sé como ignoré el restaurante mediterráneo en la misma cuadra y también el café kosher muy flash directamente en frente di mi edificio, pero de todos los restos interesantes en el barrio yo escogí el café genérico argentino una cuadra de allá. No sé, tal vez estuvo cegado por el lindo exterior (pero todos los cafés son lindos en Buenos Aires!) pero habían pinturas de ensaladas en la carta puesto en la puerta, así que entrara.

El menú fue bastante típico para un resto argentina, milanesa y todas de esas cosas buenas. Pero como dije, había entrado para las ensaladas, miré directamente en esta sección del menú. Y, qué bárbaro, había ensalada de Cesar! No había comido ensalada de Cesar antes de salir de Los Angeles! Lo pedí, pero cuando el plato llegó a mi mesa, no pude creer la monstruosidad que la camarera puso en la mesa enfrente de mi. Todavía no puedo creer que fue llamada una ensalada de cesar! Por uno, no hubo aliño de Cesar, la cosa más importante – y en su vez fue algún tipo de mayonesa asquerosa. No hubo crutones; en cambio hubo pedazos secos de tostado blanco. Y en vez del pollo hubo un tipo de jamón soso como se pone en cada otro plato en Buenos Aires. (También los tomates fueron un poquito viejos, pero no fue tan malo, esa parte.) Casi tuve que forzarme de comerlo – fue el peor plato que he comido en Buenos Aires por muchísimo.

Ahora, escucháme – no odio todo de la comida argentina; al contrario me encanta alguna de la comida que tienen acá. Habían sido muchos días antes de clase a la facu que he comido un sándwich de milanesa completo en el Bar Platón en frente. Y, quién puede olvidar la primera vez que probaron un bife de chorizo? Seguramente una experiencia casi religiosa para todos que lo prueban. (Mis apologías a mis amigos vegetarianos y vegetarianos estrictos.) Pero, tengo que decir, para una ciudad compuesta por gran parte de inmigrantes europeas, no hay mucho sabor en la comida acá. Y especialmente para una ciudad con tantos inmigrantes italianos, que vienen de una cultura que le encanta la comida picante, hay muchos platos que son sombras de las versiones originales. (Mi abuela siciliana pone tanto ahí y pimiento en su comida que casi se ahoga, pero aunque llora cuando come esto quiere decir que ella le encanta el sabor.)

Una razón bastante obvio es que casi nunca se come comida con condimentos en Buenos Aires. En serio, que pasa con la mayonesa? Para una ciudad de gente flaca, una salsa tan cremosa, tan pesada – no entiendo como pueden comerlo siempre. Y la usan para todo – lo vierten sobre vegetales y ensalada, a veces ahogan sus sándwiches con ella, y ruinan otras salsas perfectamente ricas por mezclándolas con mayonesa para hacer cosas como salsa golf. (Puaj!) Para ser justo, admito que me gusta papas fritas con mayonesa, aunque prefiero salsa tártara.

También, hay los mismos ingredientes en casi TODO: bife. Pollo. Huevos fritos. Lechuga. Tomate. Pan blanco. Milanesa. Queso. Si existen excepciones a esta regla, no las he encontrado. Aun las cosas como tortas tienen estos mismos cortados en pedazos chiquitos y cocidos juntos. Tal vez no estoy pensando sin prejuicios, pero necesito variedad y necesito mi sabor picante! Esto es la razón que tengo mi botella de salsa de ahí. Fue la única salsa picante en un supermercado gigante como Coti, y como ruino mi sistema de digestión por verterla en todo que como, es mi forma privada de la rebelión el sabor soso.

Sí, yo sé que esto probablemente parece tan amargo por mucho para hablar sobre comida. Y es verdad que, al fin, estoy haciendo expectaciones para como puedo vivir con salir a tantos restaurantes extranjeros múltiples veces por la semana, a veces. (Gracias al rato de cambio del dólar y a Pomona College por esto.) Sin embargo, yo sé que en realidad la razón que prefiero tanto de comer en restaurantes que no sirven la comida argentina (o lugares donde no tengo que pedirlo) es que extraño la experiencia que está tan disponible en Los Ángeles y en tantos otros lugares en los Estados Unidos con respecto a la comida. Por uno, no tenés que viajar a Palermo e ir a restaurantes de moda como Xalapa para pedir un burrito rico. (Todavía no he encontrado uno que llena el espacio que Chipotle ha dejado en mi vida, ni los lugares baratos mexicanos en cualquier parte de Los Ángeles.) Por segundo, no hay solamente un restaurante autentico de sushi que sirve más que variaciones del “rollo de California” – mi resto favorito de sushi en los Estados Unidos es muy cerca en mi barrio, y dentro de diez minutos por coche hay más que cinco otras opciones.

No estoy seguro si esto es lo mismo como tener morriña…seguramente “variedad” no es algo único a donde vivo en los Estados Unidos. Pero necesito admitir que, al fin, que es el sentimiento de comer en Los Ángeles que extraño. Estoy en el punto de mi viaje acá que pienso que sepa muy bien lo que me gusta y no me gusta sobre Buenos Aires; a diferencia de cuando llegué, mi vida no consiste de un misterio cultural después del oro. Y, sin este elemento desconocido de ocupar mi atención y mi energía, por mucho tiempo he podido centrarme más por establecer mi propia identidad en Buenos Aires. Yo sé lo que las cosas que me gustan hacer son, y cuales no tengo ningunas ganas de hacer.

Ahora que yo sepa esto, con mi perspectivo cambiado en tal manera por el tiempo que he estado en Argentina, hay una variedad de cosas que puedo concentrar mis energías para mejorar. Por uno, he mejorado mucho con contestar el teléfono – antes, especialmente cuando acababa de llegar, tuve muchísimo miedo de contestar el teléfono fijo en la casa de Cecile, porque la gente acá hablan lo más rápidamente, y con lo menos paciencia, cuando hablan por teléfono. No fue que no sabía que hacer, fue que no sabía las expresiones comunes que se usan cuando se habla por teléfono acá. El problema más grande (y humillante) fue cuando la persona cambiaba a hablar inglés conmigo – no importaba si su inglés era peor que mi castellano, simplemente no podía tolerar mi castellano. Después de dos meses de evitar contestando el teléfono cuando posible, finalmente comencé de prestar más atención a la manera en que Cecile y Luca contestan el teléfono, las cosas que dicen reflexivamente, y otras costumbres minores que por todo contribuyen a lo que la persona al otro lado de la conversación está esperando oír. Antes, cuando yo diría “Hola?” a la persona llamando ellos hacían una pausa incómoda porque esta impresión primera siempre nos hacía pensar que me costaba mucho hablar castellano. A lo mejor, yo seguía hablar en castellano y ellos en inglés. Pero ahora, a veces los amigos de Luca piensan que él esté contestando el teléfono, por lo menos para los segundos después de que comienza la conversación. Ahora puedo percibir que ellos pueden entenderme; son muy conscientes del acento, así que a veces yo tenga que repetirme, pero por todo es mucho menos incómodo y me siento mucho mejor cuando hablo.

Al otro lado, me parece que mi acento no ha mejorado en la manera que estuve esperando que sería por este punto del programa. Me di cuenta de esto cuando estuve haciendo el video para mi proyecto cultural sobre el judaísmo en Buenos Aires durante este fin de semana pasada. Estuve grabando mi voz para hacer la pista de diálogo cuando escuché las primeras frases que había terminado y pensé, wow, yo sueño mucho más como un norteamericano que había creído! No sé, no quiero que todos de Uds piensen que estoy tan orgulloso de mi castellano, a veces eso no puede estar más lejos de la verdad! Pero, por lo menos creí que esto fue la manera en que me distinguí lo más, fue que puedo pronunciar las r’s correctamente, et cetra. El proceso de grabar mi vos para el video, sin embargo, fue el momento de comprensión para mi, que mi fracaso de hacer las cosas como mirar la tele argentina más, de bajar podcasts argentinos para escuchar el acento más y mejorar mi compresión está atrasándome ahora.

No se si hay una razón en particular que mi castellano no está mejorando. Me parece que es una combinación de cosas: la gente con que hablo en castellano regularmente son norteamericano o alguna otra nacionalidad no hispánica como alemana, y solamente hago “smalltalk” con los argentinos que veo porque no llego bastante temprano a clase, o porque los argentinos ya están hablando entre sus grupos de amigos cuando llego, etc. Pero ahora que me he dado cuenta de lo que está pasando, estoy haciendo un gran esfuerzo para hablar más con Cecile y Luca y hablar con la gente que trabajan conmigo en la pasantía. ¡Vamos a ver si mi español hablado mejore!

tonycella's picture

Ya veo que tienes buena

Ya veo que tienes buena actitud y estás dispuesto a mejorar tu acento. Te recomiendo que leas en voz alta todos los días durante 15 minutos. Si tienes una grabadora, grábate leyendo. Te sugiero que imites el acento de los periodistas, ya que tienen buena dicción y suelen usar un registro culto. Si ya has podido identificar los sonidos que más te cuestan pronunciar, habla con algún profesor especializado en lingüística. Cualquier profesor con conocimientos lingüísticos te podrá ayudar a mejorar tu pronunciación a través de ejercicios. Por otra parte, hay que superar el miedo a hablar en público o por teléfono. Tienes que hablar constantemente y con mucha gente. Si vas a coger el teléfono, di ¨diga¨ o ¨sí¨. Es lo que suelo decir al coger el teléfono. Recuerda la importancia de la mímesis, es decir, de la imitación. Somos por naturaleza seres miméticos. Cuando somos niños, aprendemos mediante la imitación, tanto de sonidos como de frases y palabras. No olvides eso a la hora de mejorar tu pronunciación y vocabulario. Estoy seguro de que puedes asimilar muchas frases del español argentino, así como mejorar tu acento si te afanas por conseguir ambas metas. Ánimo, y si tienes alguna pregunta, no dudes en hablar con nosotros.

Post new comment

The content of this field is kept private and will not be shown publicly.
  • Web page addresses and e-mail addresses turn into links automatically.
  • Lines and paragraphs break automatically.

More information about formatting options