La primera vez en la autopista

Para ganar el carnet de conducir es un evento importante para los adolescentes en los Estados Unidos. En mi estado de Kentucky, cuando tienes 16 años tomas una prueba escrita para ganar el carnet. Por 6 meses practicas bajo la supervisión de alguien que ya tiene su carnet y tambíen ya cumplió 21 años. Después de este período de probar, tomas otra prueba para recibir el carnet oficial de conducir solo.

En mi grupo de amigos, soy la más vieja, y por eso recibí mi carnet antes de que mis amigos lo ganaran. Entonces, era mi responsibilidad para llevar a todos mis amigos a cualquier lugar en el auto de mi padre. Este vehículo manual tenía más años que yo, y no era muy facil para hacer los cambios; sin embargo, la alegría que tenía yo durante este rato me permitió que manejara en condiciones inadecuadas por este auto. Por ejemplo, mi amiga Mary Charles y yo nos fuimos desde su casa para buscar a otra amiga mía, Jennifer, quien vivía en las afueras de mi ciudad. Por eso, no conocíamos bien esta área. Por supuesto, nos perdimos y la única manera para volvernos era tomar la autopista—que en este momento, nunca había aprendido como manejar en ella.

Bajo la sugerencia de Mary Charles, entramos la autopista que seguía hacia el sur, pero en realidad nos equivocamos porque necesitábamos llevarnos hacia el norte. Nos pasó la señal que indicaba que la próxima parada para dar la vuelta quedaba por 18 millas (29 kilómetros) más. Además, me di cuenta de que no había bastante nafta para volvernos. La única opcion era girarnos en las salidas de emergencia que fueron prohibidas de usar. Desde 100 km/h, doblamos en la salida de emergencia que medía 6 metros y nos paramos—pero solamente por un ratito porque teníamos miedo que la policía llegara. Al empezar sin ninguna velocidad, giramos otra vez para regresar en la autopista hacia el norte. A causa del tráfico que venía, tuvimos que acelerar muy rápido. Y durante todo esto, gritábamos como si estuviéramos a punto de morir. Mientras gritábamos, Mary Charles miró para atrás los camiones que nos acercaban e hice los cambios rapidamente con esperanza que este auto no rompiera. Por suerte, sobrevivimos y aprendí como manejar en las autopistas, pero pobrecita Jennifer nunca la buscamos después de este fracaso enorme.

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