En este momento mi mamá está en el avión, regresando a los Estados Unidos. Ella pasó ocho días acá para visitarme y conocer la ciudad. Mi mamá y yo somos muy cercanas y buenas amigas, entonces fue maravilloso verla después de dos meses de sólo mandar emails o hablar por skype. Aunque ahora tengo mucha lectura y trabajo para hacer para mis materias en la facultad, su visita valió la pena.
La ciudad le cansó muchísimo a mi mamá. El ruido del traficó la irritió mucho, y las calles siempre llenas de gente la hicieron nerviosa. Después de andar un poco por la ciudad, ella se cansaba y quiso regresar al hotel por unas horas antes de hacer otra cosa. Esto lo entiendo. La ciudad es enorme, y puede ser demasiado para alguien que no está acostumbrado a la vida en un metrópolis. Mi mamá nació y vivió en Finlandia, y ahora vive en el suburbio de Madison, WI, entonces las barrios donde ha vivido siempre fueron tranquilos, pero acá es otra cosa. Acá nada es fácil, y siempre hay gente en el camino. Los autos corren por las calles sin ninguna intensión de parar si aparece una persona caminando. Hay obstáculos por todos lados. De verdad la vida porteña cansa, o por lo menos, nos cansa a mi mamá y a mí.
En tres semanas llega mi papá. Todos están aprovechando mi tiempo en Buenos Aires para visitar Argentina, la cual nunca tendrían otra oportunidad de conocer. Me imagino que su visita va a ser distinta. Primero, él habla español muy bien, y mi mamá sólo un poquito. También, él es más sociable y ella más tímida, entonces su interacción con la gente va a ser bien diferente. Él habla con todos los desconocidos que encuentra, y mi mamá se queda callada. Quiero saber sus impresiones de la ciudad porque para mí, existe cierto conflicto en mis pensamientos. Por un lado, me encantan la belleza de la ciudad y la forma de vida de acá, pero, al otro lado, también estoy de acuerdo con mi mamá que a veces Buenos Aires puede ser demasiado.



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