Se Venden los Tesoros en el Subte…

Se venden cosas en las calles. Se venden cosas en el subte y los colectivos y los trenes. En la Plaza de Mayo me acercan personas para venderme algo cuando estoy tratando leer. Otro día, tomé el ascensor en la facultad por la primera vez y la mujer a mi lado trató venderme una revista. En algunos lugares aún se venden cosas en los restaurantes; hasta que el dueño les ve y les hace salir. Hace dos noches, estuve en un bar en plaza serrano y 5 mujeres diferentes acercaron nuestra mesa tratando vender flores. Es imposible a escapar los vendedores en Buenos Aires. Ellos están siempre. Las cosas que se venden son multitudes. He visto chocolate y barras de muesli, pañuelos, lámparas para leer, guía-tes de todos tamaños, las huinchas (las bandas de elástico para usar en el pelo), protectores celulares, los plumeros para limpiar la casa, y por supuesto todos los niños que venden las pegatinas y tarjetas. Aunque nunca he comprado nada, vine MUY cerca el lunes atrás cuando estuve en subte en camino a la facultad.

Lo que pasa es que muchas de las cosas que se venden en toda la ciudad son cosas útiles; son cosas que mucha gente necesita. Para mí, especialmente con las cosas extrañas, tengo vergüenza para comparar algo desde un hombre les gritando a todos en el subte. ¿Por qué debo tener vergüenza? Es bueno a comprar algo porque se lo ayuda. Aunque muchas veces manejo el viaje en subte sin mirar siquiera la cosa que alguien deja en mis rodillas, el otro día estaba feliz y bastante sorprendida cuando miré arriba y vi lo que estaba siendo vendido.

Todavía, no se como se llama esta cosa en castellano. Pero por las primeras dos o tres semanas acá, Molly y yo buscamos y buscamos para “una cesta” para poner ropa sucia porque olvidamos a llevar algo así acá a Buenos Aires. La búsqueda era chistosa y un poquito frustrante. Muchos no nos entendían o lo que queríamos, y otros entendían pero lo vendrían y no sabían donde se lo vende. Por fin, Molly encontró uno (que parece como un pato!) y todavía estoy usando la que de Nora (porque ella tenía dos). Cuando encontré en subte el hombre vendiendo la cosa exactamente que estábamos buscando, y Tan barata (5 pesos!) no podía crearlo! Hice contacto visual con el hombre, y me acercó, mostrándome en más detalle sus tesoros y todos los colores que tenía (eran plegables y todo!). Justo a tuve que comprarlo! Pero, por supuesto yo era ESA turista, ESA americana que no tenía cambio. “Tenés cambio por un cien?”, le pregunté al hombre vendiendo las cestas, sabiendo que no lo necesitaría. Claro que no. Así es. Todavía estoy usando el cesto de Nora, y todavía me fascinan las cosas que están vendidas en toda la ciudad.

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