Español es una forma de expresión distinta de ingles. Vivir en otra idioma es una experiencia muy interesante para mí porque tengo que acostumbrarme a un vocabulario nuevo que funciona dentro de una estructura lingüística completamente diferente. No existe la traducción literal. Antes de vivir en un país hispanohablante nunca me di cuenta de este simple y obvio hecho, porque solamente hablaba español en un lugar especifico y un tiempo definido: en mis clases de español. Español nunca relacionaba directamente con mi ‘vida real’; estaba reservado por ocho o diez horas cada semana, y aunque hacíamos ejercicios en cuales hablábamos sobre la comida, o el tiempo, o nuestros gustos y preferencias, quedaba muy lejos de la realidad.
Llegué en Buenos Aires con la capacidad de discutir los varios temas de Cien años de soledad por Gabriel García Márquez, pero no sabía cómo conocer a otra persona ni trabar amistad. Me encontraba a mi misma ser aburrida en español—no podía hacer bromas, y la mayoría del tiempo quedaba completamente callada porque no sabía cómo decir lo que quería decir, o tenía vergüenza que no iba a decirlo correctamente. En ingles, soy muy consciente de cuáles palabras que uso, y en qué orden que las digo porque conozco los matices minúsculos de sentidos entre frases diferentes. O por lo menos creo que conozco estos matices de sentido, pero mi experiencia con español me hace reflexionar sobre ingles y lenguaje como una forma de comunicación por lo general, y ahora no estoy tan segura de mi maestría del idioma ingles. Quizá lo que yo digo (en ingles o español) tiene un sentido fijado en mi mente, pero la otra persona siempre tiene que interpretarlo. Tratar de vivir en español me hace preguntarme si soy la misma persona en otro idioma—claro, si soy la misma persona, pero muchas veces no me siento como la misma persona. ¿Cuán parte de mi identidad es mi lengua materna? Y ¿cuán parte de esta ‘lengua materna’ depende en el lugar donde maduraba, o además la gente que me rodeaba?



Nunca estamos totalmente
Nunca estamos totalmente seguros del sentido que lo que decimos puede tener para el otro, de ahí que cada interacción sea un universo de matices y de interpretaciones diferentes. Sin embargo, la lengua materna es quienes somos, nos da identidad. Mi experiencia, al haber vivido en una cultura anglófona muchos años, es que esa lengua "otra" impacta en nuestra identidad, la transforma de muchas maneras, no siempre accesibles para nosotros mismos. De lo que sí estoy segura es de que nos enriquece como personas!
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